Tomé el
vaso que estaba frente a mi y tome un trago, mi garganta se sintió como en
fuego y sentía como mis ojos se llenaban de lagrimas, era completamente
desagradable el probar eso, lo confirmaba cada vez que intentaba tomar un poco
de alcohol. Hice un gesto de desagrado tal vez demasiado obvio por la forma en
que me miraron y comenzaron a reír.
-Definitivamente,
esto no es lo mío-bufé molesta y deje el vaso justo en el lugar de donde lo había
tomado.
-Eres la única
aburrida aquí-volteé a ver a Luis y arqueé la ceja.
-Si soy tan
aburrida puedo irme-me paré y tome mis bolsa, odiaba que siempre hicieran esto.
-Vamos, no
seas así-dijo Luis tomándome del brazo, voltee a verlo e intente zafarme de él.
-Ya, no te
preocupes.
-Entonces,
¿te quedas?-pregunto.
-No, ya es
tarde y quiero llegar a mi casa.
-Hay si, no
te vayan a regañar-voltee a ver a Andrea y entre cerré los ojos
-No es eso,
simplemente ya me quiero ir-me despedí de todos con la mano y Luis me seguía
viendo.
-¿Te
llevo?-pregunto serio
-No,
gracias. Traigo carro-el beso mi mejilla lentamente, parecía que no quería
separarse y al terminar me aleje de el después de decirle “adiós”.
Camine hacia
la entrada de la casa que eran solo las grandes rejas de la cochera, estaba por
abrir cuando aparecieron tres tipos mas, los vi de reojo y agradecí haber
tomado la decisión de retirarme antes que ellos entraran al lugar, no me
molesté siquiera en mirarlos o decir algo pero pude darme cuenta de quienes
eran, solo dos me eran conocidos, el tercero no tenia la menor idea de quien
era y viniendo de ellos podía estar segura que me seria completamente
indiferente.
Salí rápidamente
y abrí el carro para acomodarme, prendí el motor y arranque a mi casa, me sentía
cansada a pesar de que no había hecho la gran cosa, había estado en casa de
Columba la mayor parte de la tarde para después ir a la casa de Job. Todos me
agradaban por eso asistí sin poner muchos pero no me agradaba que se pusieran así
de pesados una vez que todos comenzaban a tomar.
Llegué a mi
casa y dejé las llaves sobre la mesa en el comedor como mi madre me había dicho
que lo hiciera al llegar y entre a mi habitación. Rápidamente me deshice de mi
ropa y me puse una bata, me acomode entre las sabanas y me deje llevar por el
cansancio de mi cuerpo.
Paso el
domingo como cualquier otro, fuimos a visitar a mi abuela paterna un rato y
regresamos a casa con el tiempo justo para terminar un trabajo que tenia que
entregar a primera hora, no quise cenar en ese momento así que solo lave mis
dientes y me acosté, tenia que despertarme temprano.
Abrí mis
ojos y voltee a ver el reloj que estaba sobre el mueble aun lado de mi cama,
eran las 6:15, me levante rápidamente y me metí a bañar, estuve lista lo mas rápido
que pude y mi hermano me llevo hasta la escuela.
Antes de
entrar al salón me encontré con Diana. Llego hacia mi y nos saludamos.
-¡Estas
enojada?-pregunto seria
-No-e
intente sonreír-¿Por qué?
-No lo se,
luces extraña-comento.
-Tu estas
paranoica-reí sin dejar de verla y ella se quedo seria.
-Vamos, ya
viene el maestro.-caminamos detrás de el y entramos al salón, nos sentamos en
la ultima fila hasta enfrente, ella detrás mío y sacamos los cuadernos.
-Ya supiste
que tendremos compañero nuevo?-pregunto.
-No-dije
sorprendida.
-Dicen que
es guapo-comento.
-Habrá que
verlo-dije sin mucha gana.
La clase comenzó
un tanto aburrida como era usual con ese maestro, tomaba casuales apuntes que sentía
que no me eran necesarios ya que nunca los ocupada cuando alguien toco la
puerta. Voltee a ver y por un momento me pareció conocido.
-¿Puedo
pasar? Soy nuevo y no sabia que salón era…-me voltee hacia otro lado ignorando
su presencia pero pensando en donde probablemente ya me lo había encontrado.

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